Cuando nació mi hijo sentí una llamada muy fuerte de vuelta a la naturaleza. No sé si te ha pasado, fue como algo muy primitivo. En mi niñez y adolescencia tuve la suerte de tener mucha naturaleza y mis recuerdos mas bellos son en espacios naturales, al aire libre, sintiendo el aire, el frío, el sol, la caricia del agua…
En mi caso, la llegada de Nico me hizo, entre otras muchas cosas, preguntarme, qué valores éticos, morales y culturales quería transmitirle.
Tuve claro que quería que mi hijo creciera tocando las hojas de las plantas, sintiendo la humedad de la tierra, mancharse hasta las cejas de barro, jugar con escarabajos y saltamontes.
Pero no solo eso. Recuerdo las primeras Navidades y el primer Halloween. ¿Quería hacer regalos? ¿O disfrazarme? ¿Qué significaba todo eso? ¿Por qué lo hacía un año tras otro? ¿Qué había detrás?

En esta vuelta a la naturaleza comencé un grupo de juego de barro, bichos y árboles en comunidad. Además comencé a mirar a los ciclos y a las celebraciones: el solsticio como la celebración de la vuelta de la luz, Halloween la oscuridad del invierno, la Pascua la resurección de la vida…
Lo vi claro, esto habíamos estado celebrando, el ciclo de la luz y oscuridad de la Madre Tierra y nos lo taparon detrás de capas de dioses, santos y liturgia.
Durante mucho tiempo, el año no se organizó en trimestres si no en festividades que marcaban los pasos de la Naturaleza. Todavía si escuchas a los viejos de los pueblos hablan así, los pasos del año los van marcando las festividades que nos llevan pasito a pasito por el ciclo de luz y oscuridad.
Se vivía observando la luz, el frío, el calor, la tierra húmeda o seca. El tiempo se entendía a través del cuerpo, el entorno y las festividades marcaban el paso.
De ahí nace la Rueda del Año: de mirar alrededor y darse cuenta de que la vida cambia a pequeños pasos, cuarentena a cuarentena, nace, muere y vuelve a nacer.
Qué es la Rueda del Año
La Rueda del Año es un calendario ancestral europeo de ocho celebraciones basado en los ciclos naturales. Marca los momentos clave del año a través de solsticios, equinoccios y celebraciones intermedias.
No es una religión ni un sistema cerrado. No son fechas exactas, sino latidos a lo largo del año. Es una forma de comprender el paso del tiempo ligada a la naturaleza y a la experiencia humana, una forma de sentir la vida.
Cada festividad representa cambios de la naturaleza, pero también en nuestros procesos internos: nacimiento, crecimiento, plenitud, cosecha, muerte y renacimiento. Es un espejo que nos muestra los ciclos que bailan dentro de nosotras. Se la representa como una rueda con ocho radios.

Vivir la Rueda del Año es una forma de reconectar con la vida, de recordar que somos parte de la naturaleza y que, como ella, también transitamos por momentos de luz y de sombra.
Antes del cristianismo, las comunidades de la Vieja Europa celebraban estos cambios de luz como algo esencial para la supervivencia. La llegada del frío, el regreso del sol, el despertar de la tierra o el tiempo de cosecha eran momentos sagrados.
Con el paso de los siglos, muchas de estas celebraciones fueron cristianizadas. Cambiaron los nombres, pero no el fondo. Bajo muchas fiestas actuales siguen latiendo símbolos antiguos relacionados con la tierra, la fertilidad, la muerte y la renovación.
Maternidad y Rueda, celebrando en familia
Celebrar la Rueda del Año hoy no significa vivir en el pasado ni reproducir rituales antiguos al pie de la letra. Significa escuchar el latido del ciclo de la luz que sigue teniendo sentido ahora. Significa recuperar un ritmo más humano en un mundo acelerado.
No se trata de hacerlo bien ni de hacerlo todo, sino de hacer con presencia lo que hagas.
Para la infancia, los ciclos son un lenguaje natural. Las niñas y los niños comprenden el mundo a través del cuerpo, la repetición y el gesto. Los rituales sencillos —encender una vela, salir a caminar, cocinar algo estacional, contar una historia— ofrecen seguridad y pertenencia. Ayudan a ubicarse en el tiempo y a entender que todo cambia.
La naturaleza es el primer espacio de aprendizaje. En ella, el juego libre aparece de forma espontánea. No necesita instrucciones ni objetivos. El cuerpo aprende tocando, cayendo, observando. El juego en la naturaleza no es una actividad extra, es una forma ancestral de estar en el mundo.
En Besalvaje, la Rueda del Año se vive desde lo cotidiano. No busco grandes celebraciones aunque cada familia vera hasta donde llega claro. Propongo algo muy sencillo, observar, tocar, moverse, sentir, oler, saborear…. todo adaptado hasta donde cada una quiera.
Pequeños gestos que devuelven sentido al paso del año y crean memoria compartida
Por qué esta mirada importa
Si quieres que tus criaturas crezcan sintiéndose parte de la Natutaleza en vez de sentirla como un ente ajeno o un sitio al que ir de excursión, las celebraciones de la Rueda del Año nos ayudan a vivir el ciclo del año a cada pasito, celebrando los cambios que nos regala y sintiéndonos parte de ellos. Celebrando ciclos y no el consumo que en ocasiones nos imponen.
Qué representa la Rueda del Año:
- Ciclos de luz y oscuridad – sentir el pulso del año.
- Ritmos de la naturaleza – observar los cambios que cada estación nos regala.
- Experiencia corporal del tiempo – activar nuestros sentidos para sentir este pulso a través del cuerpo.
- Rituales caseros y comunitarios – muchos ya los haces en relación a las celebraciones, es solo poner intención.
Celebraciones de la Rueda
En este post puedes entrar más a fondo sobre la mitología y las celebraciones de la Rueda pero te dejo la lista de las 8 celebraciones:
En la cosmología ancestral se creía que todo comienza en la oscuridad. La Rueda comienza al acabar la cosecha y con la entrada del frío y la oscuridad.
- Samain (1 Noviembre) – Relacionado con el día de todos los Santos. Comienza el tiempo de oscuridad, los días son muy cortos, celebramos la llegada de la oscuridad.
- Yule (21 de Diciembre). Solsticio de invierno. Celebramos el nacimiento de la luz, a partir de ahora los días comenzaran a ser un poco más largos cada día.
- Imbolc (1 de Febrero) – Conocida como La Candelaria, celebramos los días un poco más largos y los primeros pasos tímidos de la primavera.
- Ostara (21 de Marzo). Equinoccio de primavera. Las noches y los días son igual de largos. Celebramos la explosión y el renacimiento de la vida.
- Beltane (1 de Mayo) – Festividad de los Mayos. Celebramos la llegada del calor y del verano. La sexualidad y la vida bullen a bosbotones.
- Litha – (21 de Junio), solsticio de verano y San Juan. Fiesta de la expansión, del sol, de la vida y de la luz. En muchos lugares se celebra la noche más corta con hogueras.
- Lammas (1 de agosto) – Durante agosto se hacía la cosecha del trigo y se celebra esta cosecha tan importante para la supervivencia. Se transformó en las fiestas patronales.
- Mabón (21 de Septiembre). Equinoccio de otoño. Los días y las noches son igual de largos y se nota ya el retroceso de la luz. Celebramos la cosecha y la abundancia.
¿Quien soy yo para decir todo esto?
Detrás de Besalvaje estoy yo, Llanos. Madre y acompañante de familias que buscan una maternidad más conectada con la naturaleza y los ritmos naturales. Mi trabajo nace de la experiencia y de la observación, no del dogma. Acompaño desde el respeto, la escucha y la idea de que cada familia encuentra su propio modo de celebrar.

Yo te doy una guía pero la Rueda es tuya y de tu familia, tu creas tus propias celebraciones y tradiciones.
Aquí encontrarás libros, proyectos y recursos para vivir la Rueda del Año en familia. Propuestas que no buscan añadir más cosas a la agenda, sino devolver profundidad a lo que ya está a través de pequeños gestos que nos unen en familia y con los ritmos de la Naturaleza.
La Rueda de la Tierra
Si quieres que te guíe en tu viaje por las celebraciones de la Naturaleza, la Rueda de la Tierra aquí. Yo te guío el viaje es solo tuyo.
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