Hoy te voy a contar una historia de hace muchos años que me marcó.

Verás…

Cuando era una chavala estuve muchos años yendo a los scouts.

Mi grupo scouts no eran nada estrictos, muy lejos de la idea de scouts, estos eran una panda de hippies y soñadores que les encantaba salir al monte, patear, construir con troncos y vivir en el bosque.

De esos años tengo muchas historias.

Una de las que más me marcó es la de las ampollas que me salieron en los pies en una noche de luna llena de Julio.

Niño mirando a las olas del mar desde las rocas






Te cuento.

Estábamos de campamento de verano en Brañosera (norte de España) y cada campamento hacíamos una excursión unos días a algún sitio cercano.

Queríamos ir a la playa a Santander, wow, con 13/14 años que tenía, ir de acampada a la playa con tus compis era un planazo.

Había un tren que nos llevaba directamente a Santander pero la parada más cercana estaba a unos 30kms de nuestro campamento.

Además el tren solo pasaba a las 7:30 de la mañana (quizás las 7, sé que era muy temprano).



Eran días de luna llena, la luna del heno en Julio.

Así que mi monitor (jefe le llamábamos) decidió que caminaríamos de noche con la luna llena para llegar a las 7 al tren.

¡Otro planazo! Qué aventura, caminar de noche a la luz de la luna. Con 13 años te aseguro que te mola la idea, ni te piensas que son 30 kms.

Y así, salimos del campamento ya de noche, felices, con nuestras mochilas.

Te puedes imaginar que a las 4/5 de la mañana estábamos reventadísimas.

Pero había que llegar, si no tendríamos que esperar un día entero hasta el siguiente tren y perder un día de playa.



Este momento fue especial, a la luz de la luna cruzando monte arriba y abajo para llegar al tren.

Sufriendo porque los pies me estaban matando y estaba cansadísima pero feliz de estar viviendo aquella aventura a la luz de la luna.

Recuerdo caminar con mi amiga riendo, dándonos ánimo, cantando.

Ver la luz del alba primero y después los colores rojizos del amanecer. Saber que ya quedaba poco y seguir.

Está es una de las experiencias que recuerdo, pero una no es suficiente para forjar un vínculo fuerte con el mundo natural.

Antes de eso, de pequeña iba al pueblo, mi madre nos llevaba río arriba por las rocas, campotraviesa para llegar a los prados, mañanas de bicis, río y moras…

Después fueron muchos campamentos, muchas salidas a la sierra en invierno, en verano, en primavera..

Fueron años de experiencias.

Como madres, podemos ofrecerles esto a nuestras criaturas. En este blog te hablo de esto, de cómo fomentar la conexión de la naturaleza desde casa.

Te invito a unirte a mi newsletter si quieres encontrar inspiración para crear o reforzar tu vínculo con a naturaleza y el juego sin tener que hacer 30kms a la luz de la luna.

Oye, que si quieres hacerlos adelante, te aseguro que es una pasada, de hecho te lo recomiendo.

Uno de mis temas principales es la Rueda del Año. Si no sabes que es eso, date una vuelta por este post.

Por ahora te invito a darte una vueltecita por el blog si tienes algún rato para leer.

Aquí temas condumiosos de crianza en la naturaleza.

Aquí ideas para explorar la naturaleza.

Aquí para celebrar la naturaleza – La rueda del año.

Se me olvidaba ¡El final de la historia!

Al final llegamos al tren, los pies llenos de ampollas y reventadísimos.

Las ampollas curaron rápido con el agüita del mar y pasamos 4 o 5 días durmiendo en la playa, bañándonos de noche a la luz de la luna y de día al sol del Cantábrico, comiendo latas de fabada y sardinas, jugando con la arena y buscando cangrejos por las rocas.

Mereció la pena.

Te deseo paz, amor y mucha naturaleza,

Llanos

Categorías: blog

2 comentarios

Sandra · mayo 15, 2026 a las 9:18 pm

Qué fuerte, Llanos, la historia de las ampollas…me ha tocado hondo. Me ha recordado otros tiempos de mi propia experiencia… qué libertad se sentía en momentos como ese! Me da por pensar en mis hijas, ellas podrán elegir divertirse de ese modo también… será un reto confiar en ellas entonces, en que saben cuidarse y demás

    llanos · mayo 16, 2026 a las 4:58 pm

    Hola Sandra, síiiii qué díficil se nos hace soltar verdad? Pero yo creo que llegará naturalmente y por supuesto ellas, en mi caso él, sabrán disfrutar y cuidarse en sus experiencias de la adolescencia. Ahora es educar y después confiaremos, un abrazo, Llanos

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