Hemos convertido la infancia en algo que no puede mancharse.
Y sí, un charco de barro ensucia la ropa más que una pantalla…
Pero el barro se lava y una infancia demasiado limpia no puede repetirse.
Nos asusta más un bicho que el hormigón.
Pero las cosquillas de una marquita corriendo por el brazo es una experiencia que solo ocurre al aire libre.
Trepar un árbol puede dar mas miedo que tenerlos delante de un móvil.
Pero que no aprendan nunca a medir riesgos también debería darnos miedo, mucho.
Los bolsillos llenos de piedras no son basura.
Son pruebas de que tocan, inventan y descubren un mundo que no cabe en una pantalla.
(Me podría haber construido una casa si hubiera guardado todos los palos y piedras que hemos traído a casa en estos años ><)
Los mejores recuerdos no ocurren delante de una pantalla.
Ocurren bajo el sol, las estrellas, bajo la lluvia o bajo la sombra de los árboles.
Jugar fuera parece no servir para nada.
Por eso sirve para tantas cosas.
El problema no es que las criaturas pasen demasiado al aire libre.
Es que pasan demasiado poco.

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