Somos ricas por la cantidad de cosas de las que podemos prescindir.

Hace poco me encontré con esta frase y me llamo mucho la atención. La siento bastante cerca de mi ideal de vida.

Trabajar menos, tener menos cosas y más tiempo para vivir o hacer lo que me gusta. 

Obviamente estoy muy lejos de ese ideal.

Aunque he comenzado mi camino, que no es poco, sigo rodeada de cosas de las que podría prescindir y otras que continuamente llegan. ¿Cómo ocurre?

Con la maternidad lo tuve claro, dejé mi trabajo de informática para ver crecer a mi hijo. Tener menos, mucho menos, pero tener tiempo para criar.

Niños jugando en un lavadero

Las cosas nos roban tiempo y energía. Hay que trabajar para tener dinero, comprarlas, encontrarlas un sitio en casa sin que te coman y por último deshacerte de ellas. Uff, solo escribirlo me cansa. 

Parece que con la maternidad es todavía más difícil, juguetes, regalos, ropa… nadamos en un mundo lleno de cosas prescindibles. Creemos que las necesitamos para que aprendan, crezcan y se desarrollen… ¿de verdad?

En este sentido me siento incoherente, porque por la lado creo en esto, y por otro vivo de vender materiales que son prescindibles.

Intento justificar esta incoherencia cuando mis materiales pueden ayudar a encontrar un sentido espiritual en la naturaleza a familias, pero no dejan de ser prescindibles. 

Niña y niño jugando con el agua y palos

Por cierto que la frase es de Henry David Thoreau, un escritor americano que me parece interesante de explorar. 

No he podido pasarme por aquí esta semana por que estoy centrada en el contenido del pack del solsticio.

Antes del pack hay otra sorpresita. Una colaboración con otras cuentas, otro material prescindible, pero muy bello que viene pronto. 

Y para leer un poco más sobre mí aquí. 



Un poema de Educardo Galeano – Pobres

Cierro con un poema del gran Eduardo Galeano. “Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están solos.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.”

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