Hoy quería escribir sobre como mañana es 30 de abril, un portal mágico, una paso al verano y al calor y una noche de conexión con nuestros ancestros.
Pero el apagón nos trastocó a todas bastante ayer. Sobre la 13hrs apagaba mi ordenador porque se estaba quedando sin bateria.
Lo apagué con alegría pensando que aunque tuviera mil y pico de cosas que hacer, sabía que iban a ser horas por delante de estar sin pantallas e internet.

(El tema velas sí llegó a sorprenderme pero lo disfrutamos muchísimo, hemos pensado repertirlo!)
El apagón lo pasamos muy tranquilos, en el huerto, con velas y juegos de cartas, en familia y socializando con amigas, vecinos… La verdad, para mí fue un regalo.
Un regalo desde el privilegio,
porque vivo en el campo y aquí hay mucho que disfrutar sin luz,
porque un día sin electricidad es un regalo cuando sabes que volverá en unas horas,
porque mi familia está bien y pudimos pasarlo tranquilos,
porque puedo permitirme las pérdidas económicas de un día sin trabajo.
Un privilegio, sé que no todo el mundo lo tiene.
Por la noche salimos a la oscuridad, el barrio totalmente negro, los autillos cantando (había dos), algún ruiseñor… y pensaba justo en esto, para los animales una noche sin la molestia de la luz de la farola.
Las aves siguieron cantando todo el día y la noche,
las fuentes brotando agua,
las plantas creciendo,
los ríos fluyendo,
el viento siguió soplando…
Nada en la naturaleza necesita electricidad.
La naturaleza es resiliente, más aún, antifragil. Nuestra sociedad es frágil, muy frágil.
Está mañana no había ni agua corriente en mi casa porque hasta eso necesita una bomba. Todo me ha hecho plantearme la fragilidad de nuestra sociedad, la gran dependencia de energía que tenemos, para todo.
El mundo colapsaría sin electricidad o sin petroleo, así, habría hambre y caos.
Y hoy leía en el periódico como van a seguir hiperconectando sistemas para que no volviera a ocurrir.
Y ¿si pensamos una sociedad mas resiliente en la que vayamos hacia lo pequeño y podamos cada familia producir una parte de nuestra electricidad, nuestra comida, nuestras necesidades más básicas?
El colapso sería un poco más suave, seriamos más antifragiles.
Me gustó ver, como siempre, la solidaridad de la gente, como la gente salía a la calle, hablaba con sus vecinos, (todas lo hicimos ayer, que maravilla), bailaba y celebraba en los parques…
Todo eso un día que levantamos la vista de la pantalla del móvil.
Por si quieres seguir leyendo, hoy te regalo una reflexión muy sencilla que hice hace tiempo: «Somos ricas por la cantidad de cosas de las que podemos prescindir»
Por lo demás, te deseo un felicísimo portal del 30 de abril. Por aquí encenderemos la lumbre y mandaremos un brindis a los del otro lado!
Paz, amor y muchos apagones,
Llanos
PD: Si te interesa el tema antifragilidad, aprovecho a recomendarte una lectura muy interesante: Antifrágil de Nassim Nicholas Taleb.
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