Finales de julio… la mayoría estamos ya a las vacaciones, refrescarse, salir a algún sitio, descansar y disfrutar. Espero pillarte en estas o por lo menos preparando algo.

Nosotros estamos, como cada año, en el pueblo, en la Sierra de Gredos.

Mi amiga Cristina, que es de opiniones blancas o negras, no sabe de grises, siempre dice que le dan pena las niñas y niños de cuidad que no tienen pueblo ><.

Está claro que todo depende mucho de lo que puedan tener o hacer en verano, pero comparto con ella la maravilla de los veranos (o la vida) en el pueblo: jugar en la calle, bicis, río o piscina con los amigos, noches de paseos estrelladas, fiestas patronales, tías, primas, abuelas, amigos que reencuentras un año tras otro… Y mucha libertad. De todo esto hablamos hoy.

Aventura en el río

El otro día me llevé al río a dos amigos de aquí del pueblo que, aún viniendo cada año, sus familias no son de salir a la naturaleza. Tuvimos aventura por las gargantas. Acabaron medio magullados, ortigados y con alguna heridilla. Estaban totalmente fuera de contexto.

Mientras los nuestros fluían descalzos por las rocas, saltando, pasando…, ellos se caían a cada instante. Al final tuvimos que abortar excursión. A pesar de todo, fue divertídisimo y ellos mismos lo pasaron pipa: “Hemos subido al Everest!” decían. Estoy segura de que de alguna manera les ha marcado.

Me di cuenta de la importancia de haber ofrecido movimiento y conexión con la naturaleza a mis peques desde pequeños. Saben como moverse, conocen muchas plantas y bichos, saben seguir rutas y tienen bastante orientación. Todas estas cualidades puede que no sean tan importantes en nuestra sociedad, pero pueden llegar a ser vitales en ciertas situaciones y sobre todo les aportan seguridad en sí mismos.

Niños tirandose por el tobogan natural de unas rocas de rio

Beneficios de veranear (o vivir) en un pueblo para la infancia

En primer lugar está el valor del paisaje y de la naturaleza. Por aquí estamos disfrutando de gargantas de aguas cristalinas y fresquitas, dehesas de robles, fuentes incansables, bichos por todos lados…

En este post ya te hable de mi opinión sobre la necesidad creada de viajar y conocer muchos lugares, yo defiendo la repetición y la seguridad que les da un pueblo. Con esto, cada familia luego verá y encontrará su manera de veranear, yo tengo claro lo que quiero y en este post te doy mis razones en un intento de profundizar en los beneficios de la repetición de veranear en un pueblo, sobre todo si vives en una ciudad.

Para mi hay 4 beneficios indiscutibles de veranear siempre en el mismo pueblo con criaturas, mejor si es el tuyo pero si no tienes puedes buscarte uno:

  • El vínculo con el paisaje.
  • El valor de la repetición.
  • El vínculo con la gente, la tribu.
  • La libertad.

El vínculo con el paisaje

Cuando pasamos los veranos en el mismo pueblo año tras año, creamos un vínculo profundo y significativo con el paisaje de ese sitio, este va más allá de lo meramente visual, creamos vínculo con las gentes, los colores, el paisaje, las emociones vividas…. Cada sitio te llena de recuerdos de experiencias vividas allí.

Quizás la razón que más nos una al paisaje, es el vínculo emocional. Los lugares que frecuentas están cargados de recuerdos y de emociones: las charcas donde te bañabas de pequeña, el rincón donde diste tu primer beso, el camino donde aprendiste a andar en bicicleta, la plaza donde jugabas de niña. Estos lugares te conectan con versiones pasadas de ti mismo y con las personas con las que has compartido esos momentos.

Con el tiempo, el paisaje pasa a ser una parte integral de tu identidad. Cada rincón, cada sendero y cada vista se asocian con recuerdos específicos, creando una sensación de familiaridad y pertenencia. El paisaje ya no es solo un lugar; es tu lugar. Sientes pertenencia.

Los paisajes se vuelven parte de tus rituales veraniegos: el camino que recorres para llegar al río, la sombra del árbol donde siempre lees, el mirador desde el que contemplas las estrellas, el sitio donde quedas con tus amigos. Estos rituales refuerzan la conexión emocional y espiritual con el entorno, dándole un sentido.

El conocer a fondo un lugar natural, como tu pueblo, te une fuertemente a la naturaleza y te arraiga al luga. Aprendes a leer las señales del paisaje, como el viento que precede a la lluvia o los bichos que viven en cada sitio.

El valor de la repetición – identidad y tradiciones

En el contexto familiar, la repetición tiene un papel crucial en la formación de la identidad, la cohesión familiar y la transmisión de valores.

Las familias suelen tener tradiciones, rituales y valores que se transmiten de generación en generación. La repetición de estas prácticas—como vacaciones, celebraciones, comidas familiares o rituales de fin de semana—ayuda a los niños a internalizar lo que es importante para la familia. Estas repeticiones no solo refuerzan los valores, sino que también crean un sentido de pertenencia y continuidad. Los veraneos son una manera de transmitir valores y tradiciones.

Por último también, cómo veraneamos es también una forma de identidad familiar. Dependiendo de donde vayas, cómo y demás transmitirás unos valores a tus criaturas. ¿Incluyes naturaleza, familia extensa, tradiciones, repetición, etc… en tus vacaciones?

El vínculo con la gente

Finalmente, veranear en el mismo lugar también te conecta con la comunidad. El paisaje no es solo natural, sino también social. Los espacios son compartidos y las experiencias colectivas—como las fiestas del pueblo o las conversaciones intrascendentes en la plaza —fortalecen el sentimiento de pertenencia no solo al lugar, sino a un grupo de personas que también lo consideran suyo.

Mis recuerdos con la gente del pueblo son muy bellos: amistades de muchos años, primos y gente que te quiere y te hace sentir arraigada.

Ahora los hijos de tus amigos de pequeña, son amigos de tus hijos: juegan en la calle, en el río, van al bar a comprarse las chuches a escondidas, cogen las bicis y se van a explorar solos por los caminos. (Aunque a ratos te pidan también pantallas para jugar, no te pienses que es todo ideal claro, esto no nos lo quita nadie ><. )

Luego llegan las fiestas del pueblo con actividades para todos y mucha alegría. Ya sabes, lo que antaño fue la celebración del fin de la cosecha del trigo y el cereal, ahora son santos patrones y noches de jolgorio bailando en la plaza con orquestas que tocan versiones de todos los grandes éxitos. Ahora sabiendo lo que sé, hablo con los viejitos y las viejitas y busco en las tradiciones lo que pudo haber sido.

La libertad

Cuando los niños veranean (o viven) en un pueblo, experimentan una libertad difícil de encontrar en otros entornos. Lejos del ritmo acelerado de la vida urbana y de las restricciones cotidianas del espacio por los peligros, el pueblo les ofrece un espacio amplio y seguro para explorar, jugar y descubrir el mundo a su propio ritmo. Calles y plazas más amables.

Pueden correr por campos abiertos, nadar en ríos, trepar árboles o andar en bicicleta por calles tranquilas sin la constante supervisión adulta. Esta libertad fomenta su creatividad, autonomía y sentido de la aventura, permitiéndoles desarrollar una conexión más profunda con la naturaleza y el entorno.

Además, en el pueblo, los niños suelen disfrutar de una libertad social que en otros lugares sería impensable. Al conocer a los mismos vecinos y amigos verano tras verano, se crea una comunidad de confianza donde pueden moverse libremente, establecer sus propios vínculos y participar en la vida comunitaria. Esta experiencia les aporta una sensación de independencia y seguridad, dándoles la oportunidad de aprender y crecer en un ambiente más relajado y cercano.


Así que ya sabes si no tienes pueblo puedes hacerte con uno. La gente de los pueblos les gusta que la gente se interese por su pueblo y el mundo rural necesita que volvamos a habitarlo y vivirlo. Lo ideal desde luego es irte a vivir pero si no puedes o no quieres siempre lo puedes tener para los fines de semana y vacaciones.

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